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La bajada de los precios en la ropa durante los últimos 20 años nos ha permitido comprar cada vez más. Tenemos 5 veces más ropa de la que tenían nuestros abuelos. Todo parecía perfecto hasta que descubrimos qué se escondía tras esta tendencia.

La realidad es que esta continua acumulación de prendas baratas solo es posible debido a una constante reducción de los costes de producción, lo que implica graves consecuencias para nuestra salud, nuestro planeta y para las vidas de quienes las producen.

 

Ponerse una prenda más de cinco veces se ha convertido en todo un reto. ¿Por qué?

 1)     Cada año la calidad de la ropa empeora. Nuestras prendas pierden color, se quedan sin forma y se desgastan cada vez más rápido.

2)     Las tendencias cambian tan rápido que no podemos seguirles el ritmo. Continuamos comprando solo para estar a la moda.

En esto consiste la fast fashion: ropa barata de usar y tirar producida en masa. La aparición de innumerables colecciones al año nos hace sentir constantemente pasados de moda y nos empuja a seguir consumiendo.

¿Qué podemos cambiar?

Descubre más sobre las posibles alternativas en el apartado «Cómo reducir nuestro impacto».

La industria de la moda es la segunda más contaminante del mundo, después de la del petróleo. A medida que crece el mercado, también crecen los daños al medioambiente.

Sin embargo, existen soluciones y alternativas para mitigar estos problemas. El primer paso consiste en desarrollar la conciencia y la voluntad de cambio.


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Source: Gigie Cruz-Sy / Greenpeace

Source: Gigie Cruz-Sy / Greenpeace

En la mayoría de los países donde se produce ropa, las fábricas textiles arrojan las aguas residuales que producen directamente a los ríos, sin ningún tipo de tratamiento previo.

Éstas contienen sustancias tóxicas como plomo, mercurio y arsénico, entre otras, todas extremadamente perjudiciales para los ecosistemas acuáticos y la salud de los millones de personas que viven a orillas de esos ríos. La contaminación también llega al mar, donde termina extendiéndose por todo el planeta.

Otra fuente importante de contaminación del agua es el uso de fertilizantes para la producción de algodón, que contamina fuertemente las aguas de escorrentía y de evaporación.

 ¿Qué podemos hacer al respecto?

  • Elige ropa fabricada en países que apliquen una normativa medioambiental rigurosa en sus fábricas (UE, Canadá, EE.UU.…)

  •  Elige fibras orgánicas y naturales cuya producción no precise de sustancias químicas


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La industria de la moda es una gran consumidora de agua.

En los procesos de teñido y acabado de toda nuestra ropa se emplean grandes cantidades de agua dulce. Para hacernos una idea, cada tonelada de tejido teñido puede llegar a necesitar 200 toneladas de agua dulce.

 El algodón requiere MUCHA agua (y calor) para crecer, pero se cultiva habitualmente en áreas cálidas y secas. La cuantidad de agua necesaria para la producción de solo 1 kg de algodón puede llegar hasta 20 000 litros de agua. Esto genera una enorme presión sobre este precioso recurso, ya de por sí escaso, y tiene consecuencias ecológicas dramáticas como la desertificación del Mar de Aral, donde la producción de algodón ha drenado completamente el agua (véanse las imágenes de arriba).

El 85 % de las necesidades relacionadas con el agua de toda la población de la India estarían cubiertas con el agua que el país destina a la producción de algodón. 100 millones de personas en la India no tienen acceso a agua potable
— Stephen Leahy de The Guardian.

 ¿Qué podemos hacer al respecto?

  • Elige fibras cuya producción no requiera mucha agua como el lino, fibras recicladas, etc


MICROFIBRAS EN EL OCEANO.png

Cora Ball/Rozalia Project

Cora Ball/Rozalia Project

Cada vez que lavamos una prenda sintética (poliéster, nailon, etc.) se liberan en el agua alrededor de 700.000 microfibras, que se abren paso de este modo hasta nuestros océanos. Los científicos han descubierto que las ingieren pequeños organismos acuáticos. Estos organismos alimentan posteriormente a peces pequeños, que a su vez sirven de alimento a peces más grandes y, de este modo, se introduce el plástico en nuestra cadena alimentaria.

¿Qué hacer al respecto?

  •  Elige fibras naturales o semisintéticas

  •  Lava la ropa solo cuando sea necesario

  •  Lava la ropa a menos temperatura (30 ºC)


ACUMULACIÓN DE DESECHOS.png

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La ropa se ha vuelto de usar y tirar, por lo que cada vez generamos más residuos textiles. Una familia en Europa tira una media de 30 kg de ropa cada año. Solo el 15 % se recicla o se dona, el resto va directamente al vertedero o es incinerado.

Las fibras sintéticas, como el poliéster, son fibras de plástico y, por lo tanto, no son biodegradables, por lo que pueden tardar hasta 200 años en descomponerse. Estas fibras están presentes en el 72 % de nuestra ropa.

 ¿Qué hacer al respecto?

  •  Elige fibras naturales o semisintéticas

  •  Compra menos cantidad, más calidad y recicla


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The True Cost Movie

The True Cost Movie

Las sustancias químicas son uno de los principales componentes de la ropa.

Se usan en la producción de fibras, así como en los procesos de teñido, blanqueamiento y limpieza de todas nuestras prendas.

El uso frecuente de estas sustancias en el cultivo de algodón hace que sus agricultores sufran enfermedades y muerte prematura, provocando también una contaminación masiva de todas las aguas del planeta, así como la degradación del suelo. Algunas de estas sustancias son también nocivas para los consumidores (véase apartado sobre toxicidad).

¿Qué hacer al respecto?

  • Elige fibras orgánicas

  • Elige marcas sostenibles

  • Lava siempre la ropa antes de estrenarla

  • Busca prendas con etiquetas que controlen la presencia de sustancias químicas como OEKO-TEX®, GOTS, o BLUESIGN®


CAMBIO CLIMÁTICO.png

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La industria textil produce el 10 % de las emisiones mundiales de CO2.

La industria de la moda genera una gran cantidad de gases de efecto invernadero debido a la energía que cada año emplea en los procesos de producción, fabricación y transporte de millones de prendas.

Las fibras sintéticas (poliéster, ácido acrílico, nailon, etc.), presentes en la mayoría de nuestra ropa, están fabricadas con combustible fósil, lo que hace que su proceso de producción requiera más energía que el de las fibras naturales.

La mayor parte de nuestra ropa se fabrica en China, Bangladés o la India, países cuyo combustible es esencialmente el carbón, este es el tipo de energía más sucia en cuanto a emisiones de carbono. 

Las fibras sintéticas baratas también emiten gases como el N2O, 300 veces más nocivo que el CO2
— James Conca de FORBES

¿Qué hacer al respecto?

  • Elige fibras naturales. 

  • Compra menos cantidad, más calidad, arregla la ropa

  • Compra ropa fabricada en países que utilicen energías renovables


DEGRADACIÓN DEL SUELO Y DESERTIFICACIÓN.png

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El suelo es un elemento esencial de nuestro ecosistema. Para la producción de alimentos, así como para la absorción de CO2 es necesario un suelo de buena calidad. La enorme degradación del suelo a escala global es uno de los principales problemas medioambientales a los que nuestro planeta se enfrenta actualmente. Ésta constituye una amenaza global para la seguridad alimentaria y contribuye al calentamiento global.

La industria de la moda desempeña un papel importante en la degradación del suelo a través de: el pastoreo excesivo con cabras cachemir y ovejas criadas para su lana, el uso masivo de sustancias químicas en la producción de algodón, la deforestación causada por las fibras producidas a partir de la madera como el rayón…

¿Qué hacer al respecto? 

  • Elige fibras respetuosas con el suelo


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Cada año miles de hectáreas de bosques, cuya integridad se ve amenazada tras siglos de existencia, se talan y se sustituyen por plantaciones de árboles destinados a la fabricación de algunas fibras como el rayón, la viscosa o el modal que producen de la madera.

La pérdida de bosques es una amenaza para el ecosistema y las comunidades indígenas. Este es el caso de Indonesia, donde durante la pasada década se produjo una deforestación a gran escala.

 ¿Qué hacer al respecto?

  •  Elige Lyocell/Tencel® en lugar de rayón, modal o viscosa

Es un hecho de sobra conocido: la mayoría de nuestra ropa se fabrica en países donde los derechos de los trabajadores son limitados o inexistentes. De hecho, las plantas de producción cambian a menudo de emplazamiento en busca de costes laborales más reducidos.

Las empresas suelen argumentar que «para esos trabajadores, es mejor que nada», «al menos les damos un trabajo», y hasta cierto punto, tienen razón. Sin embargo, también es cierto que lo que hacen es explotar la miseria y aprovecharse de poblaciones en situación de pobreza que no tienen otra opción que la de trabajar por cualquier salario y con las condiciones de trabajo que sean. Hasta el mismo Parlamento Europeo usa el término «trabajo de esclavos» para describir las condiciones de trabajo actuales de la industria textil en Asia.    

Sabemos que, si las condiciones laborales de un país mejoran, los costes aumentarán y las empresas trasladarán su producción a otro. Solo se podrá producir un cambio con la presión de los consumidores a empresas y gobiernos.

 

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Muchas marcas de ropa aseguran a sus clientes que quienes fabrican sus productos reciben «al menos el salario mínimo». Pero, ¿qué significa eso exactamente? En primer lugar, da a entender que muchas otras marcas ¡ni siquiera pagan el salario mínimo a sus trabajadores!

Además, en la mayoría de países donde se suele fabricar (China, Bangladés, la India…), el salario mínimo representa entre la mitad y un quinto de lo que sería un salario digno, que es el mínimo indispensable que una familia necesita para cubrir sus necesidades básicas (comida, vivienda, atención sanitaria, educación, etc.). Por lo tanto, estas marcas presumen de pagar a sus empleados 5 veces menos de lo que una persona necesita para vivir dignamente…

 

HORAS DE TRABAJO.png
 

A los trabajadores de la industria textil se les obliga normalmente a trabajar de 14 a 16 horas al día, 7 días a la semana. En las temporadas de más actividad, pueden llegar a trabajar hasta las 2 o 3 de la mañana para cumplir con el plazo establecido por la marca. Sus salarios base son tan bajos que no pueden permitirse rechazar las horas extra, aparte de que muchos serían despedidos si se negaran a realizarlas. En algunos casos, estas horas ni siquiera están remuneradas.

The True Cost Movie

The True Cost Movie

 

CONDICIONES DE SALUD Y SEGURIDAD.png
 

En 2013 el derrumbamiento del Rana Plaza acabó con la vida de 1134 trabajadores textiles en Daca, Bangladés, lo que mostró al mundo las condiciones laborales inadmisibles de la industria de la moda. Trabajaban en edificios en malas condiciones, normalmente sin ventilación, respirando sustancias tóxicas o inhalando polvo de fibra o arena.

Además, estos trabajadores tienen que lidiar con abusos verbales y físicos. En algunos casos, cuando no son capaces de cumplir su (inalcanzable) objetivo diario, se les insulta, no se les permite descansar e incluso se les prohíbe beber agua.

Tazreen Fashions fire Bangladesh

Tazreen Fashions fire Bangladesh

 

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En todo el mundo, 168 millones de niños son obligados a trabajar.

Dado que la industria de la moda necesita de mano de obra poco cualificada, el trabajo infantil es especialmente común en ella.

En el sur de la India, 250 000 niñas trabajan bajo el sistema Sumangali, una práctica que consiste en enviar a chicas jóvenes procedentes de familias pobres a trabajar a fábricas textiles durante tres o cinco años. A cambio, reciben el salario base y, una vez finalizado este período, el pago de su dote. Estas chicas son explotadas y viven en pésimas condiciones; esto es, en definitiva, una forma moderna de esclavitud.

 
Child labor in the fashion industry
 

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Otros muchos casos de trabajos forzosos han salido a la luz a lo largo de la cadena de producción de la industria de la moda.

El peor ejemplo lo encontramos en Uzbekistán, uno de los mayores exportadores mundiales de algodón. Cada otoño, un millón de personas son obligadas por el gobierno a abandonar sus trabajos habituales para, en su lugar, recolectar algodón. Se llega incluso a sacar a los niños del colegio para que participen en la cosecha.

 
forced labour in the fashion industry
 

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Los trabajadores de la mayoría de estas fábricas no tienen permitido organizarse en sindicatos para defender sus derechos.

Las políticas de los gobiernos y las regulaciones específicas en las zonas de exportación donde se establecen las fábricas, suelen restringir la creación de sindicatos. Por ejemplo, en Bangladés, solo el 10 % de sus 4500 trabajadores textiles pertenece a un sindicato registrado.

Las fábricas llegan a amenazar, a atacar físicamente e incluso a despedir a los miembros sindicales con total impunidad, lo que no fomenta precisamente la creación de este tipo de asociaciones.

Si sus trabajadores hubieran tenido más voz, puede que hubieran podido resistirse a la orden de sus jefes de continuar trabajando en el edificio un día después de que su cúpula comenzará a agrietarse
— Portavoz del Observatorio de Derechos Humanos tras la tragedia del Rana Plaza.
Union prohibition in the fashion industry

En cada paso del proceso de producción textil se emplean sustancias químicas: la creación de fibras, el blanqueamiento y teñido de tejidos… Cuando llegan a las tiendas, las prendas aún contienen una gran cantidad de estas sustancias, incluso aquellas con fibras «100 % naturales». La piel es el órgano más grande de nuestro cuerpo y absorbe todo aquello con lo que entra en contacto, incluidas las sustancias químicas de nuestra ropa. Esto constituye un gran peligro para nuestra salud.

¿Cómo nos perjudican?

Un estudio de Greenpeace en el marco de su campaña Detox ha identificado 11 sustancias químicas usadas de manera habitual en la fabricación de ropa, que contienen toxinas, agentes cancerígenos y alteradores hormonales. Aunque deberían estar prohibidas, no lo están.

Algunos estudios muestran cómo ciertas sustancias químicas presentes en un pijama pueden encontrarse 5 días más tarde en la orina de un niño tras usarlo durante una sola noche.

Otro estudio reciente encontró sustancias químicas peligrosas en el 63 % de prendas analizadas, procedentes de 20 marcas diferentes (algunas de ellas, gigantes de la industria).

¿Qué hacer al respecto?

  • Lava siempre la ropa antes de estrenarla.

  • Busca prendas con etiquetas que controlen la presencia de sustancias químicas como OEKO-TEX®, GOTS, o BLUESIGN®.

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